Ser defensores de la vida es ser ecofeministas sin saberlo

Actualizado: 31 oct 2020

Por: Catalina Santamaría-Soto


En el ambiente sofocante de la cuarentena, me encontré con un grupo de lectura virtual de ecofeminismo. Este grupo es un oasis que aglomera mujeres de distintas edades y nacionalidades, que me permitió ver la heterogeneidad del movimiento. Además, hizo claros los diversos vínculos con el territorio, la naturaleza y las relaciones de poder entre humanos y no humanos que atraviesan nuestras realidades. Gracias a las reuniones, la palabra ecofeminismo es ahora familiar para mí, pero no ha sido siempre así. La primera vez que escuché el concepto no lo entendí porque si bien lo asocié con un vínculo entre ecología y feminismo, no supe la profundidad crítica y propositiva que abarcaba. Sin embargo, a diferencia de lo que creía, no es una perspectiva nueva o confusa, es más, yo ya hablaba y veía el mundo desde un lente ecofeminista sin siquiera saberlo. Este artículo pretende presentar el (los) ecofeminismo(s) con lenguaje asequible, a quienes se intrigan por conocerlo, introduciendo los términos de capitalismo y patriarcado. Asimismo, hace énfasis en la diversidad que contiene el movimiento gracias a su naturaleza contextual e interseccional. Finalmente, abre una reflexión que invita a quien lea esta columna acercarse al ecofeminismo.


Los ecofeminismos se puede entender como un movimiento social y una corriente de pensamiento que se fundamenta en un diálogo entre movimientos feministas y ecologistas. De acuerdo con Yayo Herrero, una antropóloga ecofeminista, el feminismo y el ecologismo convergen, pues combaten el sistema de subordinación estructural que permite la destrucción de la naturaleza en las sociedades capitalistas y la dominación de las mujeres en sociedades patriarcales (2019). Los movimientos ecofeministas, entonces, luchan contra el sistema patriarcal-capitalista que se articula con intereses de dominación y colonización de tierras y cuerpos a través de la violencia; intereses que acrecientan desigualdades entre hombres y mujeres, y hombres y no humanos (Shiva & Mies en Pascual & Herrero, 2010).


Para entender las propuestas ecofeministas es necesario situarnos en el modelo de desarrollo con el que se mueve el mundo en la actualidad. Este sistema, basado en una razón instrumental, de acumulación y excesiva producción, implica la explotación de la naturaleza y de los cuerpos humanos que la trabajan (Pascual & Herrero, 2010). Los efectos de la producción y del consumo desmedido se ven reflejados en la extinción de especies de fauna y flora, en los altos niveles de contaminación en zonas urbanas y rurales, y en el aumento del calentamiento global (Leff, 2004). El modelo capitalista es, por consiguiente, insostenible, pues exige crecer infinitamente en un mundo finito. Asimismo, para hablar de ecofeminismos, es relevante reconocer las prácticas dominantes dentro de las relaciones humanas. De acuerdo con el feminismo radical, el sistema patriarcal promueve la opresión de quienes no entran en la categoría androcéntrica que beneficia al hombre blanco, heterosexual, burgués y que lo ubica en la cúspide de la jerarquía (Pascual & Herrero, 2010). Este pensamiento patriarcal ha dividido la realidad en una serie de binarios opuestos, fundamentados en el dualismo sexual hombre/mujer; noción que ha trascendido a divisiones como la de cultura/naturaleza. Estos dualismos permitieron definir al hombre y a la cultura como dominantes, y a las mujeres y a la naturaleza como seres a dominar y a explotar (Santana, 2003).


En este sentido, los ecofeminismos son corrientes críticas no solo frente a la estructura patriarcal-capitalista, sino también frente a los dualismos conceptuales que separan al hombre de la naturaleza; división que no le permite convivir en equilibrio con otros seres vivos que habitan el planeta (Puleo, 2012). Empero, aunque los fundamentos del movimiento son de teoría crítica, es importante resaltar que no omite la relevancia de la acción política, activista y de resistencia. En contraste, reconoce la importancia de la politización de los debates, especialmente los liderados por mujeres, y busca trascender al buscar una transformación de la realidad y del futuro (Pascual & Herrero, 2010). 


Durante el texto me he referido en plural a los ecofeminismos, ya que no existe solo uno. Si bien todos comparten la visión de que la subordinación de las mujeres y la explotación de la naturaleza responden a una lógica común de dominación, dependen de los contextos específicos y las múltiples relaciones que tienen los grupos humanos (Pascual & Herrero, 2010). Es por esto por lo que los ecofeminismos deben ser interseccionales, entendiendo la interseccionalidad como el entrecruzamiento de las relaciones sociales de opresión y su reconocimiento como inseparables; entre estas categorías se incluye la “raza”, la clase, la etnia, la nacionalidad y el género (Viveros Vigoya, 2016). Los ecofeminismos responden entonces, a problemáticas y necesidades diversas relacionadas con el contexto social, económico y geopolítico desde donde se apliquen.


Los cruces que permite el ecofeminismo y la interseccionalidad han motivado el nacimiento de colectivas y movimientos alrededor del mundo. En Kenia, por ejemplo, Watari Maathai creó el Cinturón Verde, movimiento que buscaba sembrar árboles para disminuir la contaminación de las zonas urbanas. En Latinoamérica, son muchos los movimientos que han nacido de esta intersección: el proyecto de protección de semillas autóctonas en Anamuri, Chile liderado por mujeres indígenas y campesinas; el movimiento de resistencia de las madres de Ituzaingó, Argentina quienes luchan en contra de la fumigación y los monocultivos; o la creación de colectivas negras e indígenas defensoras de los derechos del Río Atrato en el pacífico colombiano. Los anteriores, son algunos ejemplos que hacen visible esta convergencia. Un dato interesante de los proyectos mencionados es que ninguno de ellos se identifica como “ecofeminista”; es decir, no usan el término, ni la teoría para fundamentar sus acciones de protesta y protección; no obstante, son citados no solo en este artículo, sino en muchos otros como representantes del movimiento. Es aquí donde me gustaría retomar la introducción en donde mencioné que yo era ecofeminista antes de conocer la teoría -como creo que lo son la mayoría de lectores de esta columna-.El reconocer lo problemático del sistema capitalista y patriarcal en nuestros contextos, el criticar los modelos de producción y consumo, el reconocer dominaciones e inequidades en las relaciones cotidianas, el activismo consciente y el interés por defender la vida, todo esto con una proyección a la transformación, constituye un lente ecofeminista. 


Con ánimo de concluir este artículo, me gustaría enfatizar en la importancia de los ecofeminismos en este momento histórico. Es imperante tomar posición y acción frente a la violencia sistemática hacia la naturaleza y hacia la mujer que afecta el equilibrio y el desarrollo sostenible de la humanidad. Los ecofeminismos no son disciplinas limitantes, ni clubes académicos excluyentes, son movimientos que permiten el cuestionamiento y la constante movilización y proposición para defender la diversidad biológica, cultural e identitaria de nuestras realidades (Puleo, 2012).Comparto este articulo pensando en un ecofeminismo para el mundo, siguiendo la propuesta de bell hooks, haciendo accesibles las palabras para quienes las necesiten. 


Bibliografía usada: 

Herrero, Y. (2019). No se puede hablar de ecologismo ni de feminismo sin hablar de lucha de clases. Delgado, G. Mundo obrero. Recuperado de: https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=8386


Leff, E. (2004). Ecofeminismo: el género del ambiente. Recuperado de: https://journals.openedition.org/polis/7248


Pascual Rodríguez, M. & Herrero López, Y. (2010). Ecofeminismo, una propuesta para repensar el presente y construir el futuro. CIP-Ecosocial. Boletín n. 10.


Puleo, A. (2012). CLAVES ECOFEMINISTAS: PARA REBELDES QUE AMAN A LA TIERRA Y A LOS ANIMALES. Plaza y Valdés Editores. 


Santana, N. (2006). El Ecofeminismo Latinoamericano. Las mujeres y la naturaleza como símbolos. Universidad de los Andes-Trujillo. Recuperado de: https://observatorio.aguayvida.org.mx/media/el-ecofeminismo-latinaomericano.pdf


Viveros Vigoya, M. (2016). La interseccionalidad: una aproximación situada a la dominación. Debate Feminista, 52. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, Colombia. 


Bibliografía recomendada:

Hooks, B. (2017). El feminismo es para todo el mundo. Traficantes de sueños. Recuperado de: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/TDS_map47_hooks_web.pdf


Proyecto de Anamuri, Chile que rescata conocimiento ancestral de mujeres guardadoras de semillas. Recuperado de: http://www.indap.gob.cl/noticias/detalle/2016/04/19/proyecto-de-anamuri-rescatar%C3%A1-conocimiento-ancestral-de-mujeres-guardadoras-de-semillas


Proyecto Madres de Ituzaingó, Argentina. Recuperado de: https://www.carrodecombate.com/2019/11/28/de-las-madres-de-ituzaingo-a-la-red-de-pueblos-fumigados-la-lucha-contra-la-soja-transgenica-en-argentina/

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